ALGUNA VEZ FUERON GUERREROS

Los Maorís son indígenas que cruzaron el Océano Pacifico en canoas desde la Polinesia hasta Nueva Zelanda. Ahí desarrollaron una cultura única, su propio lenguaje y se transformaron en guerreros. Hoy en día, la mayoría de ellos llevan un estilo de vida moderno, viven en grandes ciudades, trabajan en oficinas, son físicamente muy grandes, tienen alta tolerancia al alcohol, son excelentes jugadores de rugby y muy buenos peleadores.

Christchurch fue la última ciudad en que viví en Nueva Zelanda y la que más me gustó. Uno de los pocos amigos que hice en Christchurch fue James, un Maorí que tocaba la guitarra en la calle. Extraordinario jugador de ajedrez, muy simpático y dueño de una gran personalidad. Y al igual que a la gran mayoría de los Maorís, le falta un diente (los pierden en peleas).

Otro Maorí que conocí en Wellington, iba con la novia todos los días al café donde yo trabajaba y se comía al desayuno 6 huevos, con doble porción de tocino, cereales con leche, 8 tostadas, 4 panqueques y 2 cafés. Y como si esto fuera poco, cuando terminaba su desayuno, le empezaba a comer el desayuno a la novia.

Alguna vez lo pensé, y lo único que no quería que ocurriera durante mi estadía en Nueva Zelanda, era tener una pelea con un Maorí.

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Una tarde iba manejando y le quería poner bencina al auto. Entre a la bomba, me estacioné y cuando fui a pagar, la cajera me dice que la bomba donde yo tenía el auto no funcionaba, entonces me pidió que me cambiara a la bomba numero 7. Cuando estoy a punto de estacionar en la bomba numero 7, una camioneta negra, grande, con vidrios polarizados entra raudamente y se estaciona delante de mí. Yo le empecé a tocar la bocina, saqué la cabeza por la ventana y le hice gestos para que se fuera. Después de varios bocinazos la camioneta negra aceleró y se fue. Yo me bajé tranquilamente del auto y comencé a poner la bencina.

De repente a lo lejos escuché gritos que a cada segundo se oían más y más cerca. Me di vuelta y vi a un Maorí gigante, con un tatuaje en la cara y ojos grandes llenos de ira, caminar hacia mi gritando: “A QUIEN CREES QUE LE ESTAS TOCANDO LA BOCINA motherfucker????” Con gran decisión el maorí se acercaba y yo estaba seguro que me iba a pegar inmediatamente. Revisé mi bolsillo y me di cuenta que tenía un encendedor, entonces pensé en tirarle bencina y quemarlo! Pero no, lo primero que hice fue disculparme, pedir perdón 10, 15, 20 veces antes de que se siguiera acercando, decirle que no sabía quién era el que iba en la camioneta, que si hubiese sabido nunca le habría tocado la bocina, le pedí perdón de nuevo y otra vez más…

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Finalmente el maorí no me pegó, pero me dijo apuntándome con el dedo a la cara: “nunca más me toques la bocina de esa manera” y se fue. Con las manos temblando me subí al auto, encendí el motor y cuando estaba a punto de acelerar para irme, alguien me golpea la ventana, era el maorí. Yo bajé el vidrio y le pregunté qué pasaba, el me pidió disculpas por su actitud y dijo que había tenido un muy mal día.

En mi descripción anterior de los Maorís, se me olvido decirles que afortunadamente son todos muy buenas personas.

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