RAMADAN EN PAKISTAN (primera parte)

Ramadán: “(en árabe رَمَضَان ramaān) es el noveno mes del calendario musulmán, conocido internacionalmente por ser el mes en el que los musulmanes son obligados por sus creencias al ayuno diario desde el alba hasta que se pone el sol.”

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Estaba en la estación de buses de Rawalpindi, antigua capital de Pakistán, que se encuentra muy cerca de Islamabad.

Aun faltaba una hora para que el bus partiera. El sol se empezaba a poner y el momento más esperado del día a punto de llegar. Los dueños de restaurantes y locales de comida de la estación de buses estaban comenzando su jornada laboral. En Pakistán durante Ramadán es difícil conseguir comida durante la luz del día, incluso para los no musulmanes.

Cuando vi el primer restaurant abierto, sin dudarlo entré y me senté, era el primer cliente de la noche. No quise correr riesgos y pedí la especialidad de la casa, arroz con lentejas, pan y un kebab de cordero. El lugar parecía ser muy barato y la comida seguro sería sabrosa. En momentos llegó el segundo cliente, el tercero y al poco rato el restaurant estaba lleno.

No quise comer en exceso, porque el viaje sería largo y no quería sorpresas estomacales en el trayecto. Cuando terminé, disfruté del panorama único que me brindaba el lugar. Una estación de buses, con mucho tráfico de animales, bienes y personas, gritos y negociaciones, mujeres en negro que exhiben solamente sus ojos, hombres de barbas largas y vestidos todos con la misma túnica. En ese momento me sentí uno más, parte de ese paisaje, y de esa historia tan distinta y a veces cruel.

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Cuando miré la hora, faltaban solo veinte minutos para que saliera el bus. Me levanté y fui a pagar. Para mi desagradable sorpresa el dueño del restaurant me estaba cobró 20 o 30 veces más de lo que vale ese plato en cualquier lugar de Pakistán. Yo le pedí un detalle de la cuenta, porque no estaba dispuesto a tolerar semejante abuso.

El aseguró que ese era el precio que todos pagarían (estábamos todos comiendo lo mismo). Yo le dije que eso era imposible, y apuntado con el dedo a cada uno de los que ahí estaba, le dije que pagaría lo mismo que cada uno de ellos.

Unos minutos más tarde, no recuerdo cómo, estábamos discutiendo afuera del restaurant. Había algo así como cincuenta personas a nuestro alrededor. Sentí que debía evitar una pelea a toda costa, pero los ánimos estaban cada vez más calientes y yo estaba cada vez más enojado y más nervioso. A esas alturas el número de hombres mirando el espectáculo era muy superior a cien. La gente parecía estar disfrutando del show y seguro no se querían perder el desenlace.

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Cuando empezamos a levantar la voz de manera peligrosa, la policía llegó. Preguntaron qué pasaba, trataron de calmarnos y escucharon las distintas versiones de los hechos.

En ese momento, pensé que estaba jodido. En estos países pobres, tal como ocurre en el mío, las policías tienen fama de ser corruptas y proteger siempre al más fuerte, que en ese caso claramente no era yo, y estaba cada vez más seguro que yo saldría muy perjudicado de este incidente.

Minutos pasaron, los policías, los espectadores y el dueño del restaurant seguían hablando y discutiendo en Urdu, yo por supuesto no entendía nada y probablemente perdería mi bus.

Para mi sorpresa uno de los policías se me acerco y me dijo: “ándate ahora”

Le contesté: “la verdad es que yo quiero pagar, pero un precio justo”

El insistió: “no pagues nada, solo ándate ahora.”

 

CONTINUARÁ…

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